

¿Por qué decide ella?
Una sentencia del Tribunal de Monza acrecienta el desconcierto en un campo, de por sí delicado, como es precisamente el de la vida. Un esposo ha sido privado del derecho a la paternidad porque la mujer ha decidido la interrupción del embarazo sin contar con su parecer.
El juez da razón a la mujer; el marido solicita la separación y el resarcimiento de los daños. Negada la posibilidad de nacer a un hijo; a un padre, la posibilidad de oponerse.
Con base en la ley 194, que presenta también aspectos positivos para valorar, con respecto a la tutela de la maternidad y la ayuda a la mujer en dificultad de frente a un embarazo no deseado, vemos en este caso que la mujer decide por sí sola. Una responsabilidad grande y dramática por asumir: como madre, en efecto, tiene el poder de vida o de muerte sobre el propio hijo.
Una mirada al pasado nos presenta a la mujer como “ángel del hogar”, aislada en su casa u obligada a trabajos estresantes retribuidos con bajo salario. Hoy, en nombre de un rescate, sobre todo social, se desenvuelve en trabajos igualmente incómodos, en casa y fuera de ella, aunque aparentemente más gratificantes para una cualificada presencia y el aporte de cierta relevancia en sociedad. ¡No, por cierto, en ámbitos del poder! Es suficiente mirar las mesas de los dirigentes en las asambleas políticas, financieras, culturales y también… eclesiales. Están ocupadas casi siempre por señores, ¡raramente por señoras!
Pero en este caso donde está de por medio una vida, ella asume el derecho de decidir en cuanto cree tener un poder incuestionable. Su voluntad de abortar prescinde del consenso del marido o compañero.
Nos debemos preguntar en este punto si la paternidad tiene menos valor de cualquier otro acuerdo tomado por la pareja en otros campos. Para la mujer se trata, sin embargo, de una decisión fuertemente querida o, también, tomada sin una objetiva valoración de la propia responsabilidad, en nombre de una libertad adquirida que no tiene nada de verdadera libertad que genere vida. En uno y otro caso es una elección que dejará en ella un signo doloroso para siempre. Una elección que no respetando la sacralidad del ser ve una madre “victoriosa” sobre un feto indefenso en el que pulsa una vida que le será negada.