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Revista - Septiembre / Octubre 2010 |
VERANO... GANAS DE VIVIR
Educar a los niños y a los jóvenes, en este momento de la historia, para que vivan el tiempo de vacaciones de una manera diferente no es fácil ya que todo el sistema familiar, social y turístico está orientado a romper la monotonía cotidiana con diversiones y sugestiones de todo tipo.
Las investigaciones estadounidenses trazan un perfil vagamente inquietante de lo que una parte de los adolescentes considera un verano relajante: pasar horas frente al computador, escuchar música, intercambiar mensajes con los amigos y, quizá, salir muy temprano de casa para buscar un lugar donde comprar algo de comer y beber. La otra parte de los adolescentes vive el verano desaforadamente, y se conceden a sí mismos todo tipo de transgresiones para poder decir: “hago lo que quiero; y lo que es más fácil me divierte, me gusta y me ayuda a pasar el tiempo alegremente” y justifica con esta expresión todas las posibles estupideces y locuras, incomprensibles en otros periodos del año y para las demás generaciones.
En la experiencia vivida con los niños y adolescentes en el campamento de verano de Calabria, en Paterno Calabro, lugar ameno, donde la belleza de la naturaleza irrumpe en diversas y sugestivas expresiones, no fue fácil hacer percibir a los jóvenes la importancia de las reglas basilares de convivencia, de criterios respetuosos para preservar el “bienestar” de cada uno, de la relación respetuosa con la naturaleza, de la necesidad de detenerse y entrar en sí mismos, hacer silencio para escuchar el rumor de los árboles, el cantar de las aves, contemplar la belleza de un cielo estrellado, el amanecer de un nuevo día, el silencio y la voz de la naturaleza, la admiración del prodigio que es existir y escuchar a Dios.
El corazón de los jóvenes anhela profundamente las cosas bellas y justas; ellos perciben aquellos impulsos que guían al hombre hacia el amor, la justicia, la fraternidad, el bien, la apertura a los demás y la solidaridad, valores que están en gestación hasta que no encuentran “ambiente y calor” para ver la luz.
Las vacaciones, por lo tanto, vividas como tiempo para una sana y equilibrada diversión, pero sobre todo como tiempo favorable para abrir los ojos y vernos a nosotros mismos, para abrirnos completamente a la inteligencia, la sensibilidad y la escucha de la voz de Dios que habla a través de la vida, las vacaciones, decía, así vistas, se convierten en tiempo fuerte y significativo, experiencia inolvidable que transforma la vida para siempre. |
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