

El Encuentro
Queridas y queridos:
Regreso ahora de Turín donde hemos celebrado juntos la inauguración del Año centenario de la fundación de la Asociación. Juntos: aquellos que físicamente estuvieron presentes en los lugares de nuestros orígenes y los que, imposibilitados por motivos diferentes nos han seguido desde su casa.
Mientras esperamos el próximo número de Unión que estará dedicado casi exclusivamente a dicha celebración, “celebremos” nuestro habitual encuentro a través de esta página.
El encuentro: un momento fundamental en la vida de cada ser humano. En efecto, qué es nuestra vida si no una filigrana de encuentros? Hay encuentro a los que no das ninguna importancia y en los cuales no inviertes energías; encuentros simplemente profesionales o sociales; encuentros en los que te involucras sin temer ser descubierto; encuentros que te pueden cambiar la vida en uno o en otro sentido...
¿Pero de qué o de quién dependen estas diferencias?
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Las asociadas contamos con los Encuentros de la Unión o de la Federación... Pensemos: ¿qué es lo que caracteriza estas reuniones? ¿Realmente son encuentros entre personas que, mirando hacia una misma dirección, tienen algo que decirse? ¿Logramos transformarlas en un laboratorio del arte de la comunicación o nos concretamos a escuchar lo que otros dicen? Y cuando escuchamos, ¿somos capaces de hacerlo sin expresar algún juicio? ¿Somos capaces además de expresar nuestros puntos de vista sin atacar o culpar a los otros? ¿Sabemos ceder aún a nuestras propias ideas para podernos encontrar mirando hacia lo esencial sin perdernos en banalidades?
¿Logramos penetrar en el estado de ánimo del otro para entender sus posturas y su rol? ¿Somos capaces de no perdernos en detalles para captar lo esencial?
Esto puede ser una guía para nuestras próximas reuniones, un cuestionario para todos y así evaluar las posibilidades y limitaciones de nuestros encuentros. Lograremos juntos, si nos proponemos, transformar nuestras Uniones en laboratorios de Comunión. Cualquier encuentro o reunión que no se fundamente en esta búsqueda es pérdida de tiempo y no tendría razón de ser, aún si se tratara de cosas bellísimas, grandes proyectos, actividades fabulosas... Seríamos, como dice S. Pablo: “bronce que suena o címbalo que retiñe... Aunque habláramos las lenguas de los hombres y de los ángeles...., tuviéramos el don de la profecía..., una fe capaz de transportar las montañas..., si fuéramos capaces de repartir todos nuestros bienes... si no tengo caridad...” (1Cor. 13,1).
Y dado que “la caridad es paciente, es servicial, no es envidiosa ni jactanciosa, no se engríe, es decorosa, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia... todo lo excusa, lo cree, lo espera, todo lo soporta...” es oportuno que antes de emprender nuestras actividades, nos confrontemos con esta Palabra. Siempre hay tiempo (mientras lo tenemos) para enardecer el compromiso y potenciar el camino ya andado, o para volver a comenzar y escalar la cima. Y puesto que Dios nos ha dado “un corazón de carne” es con este corazón que debemos amarnos mutuamente. Sería extraño que quisiéramos seguir el Mandamiento del amor ilusionándonos que hacemos vibrar un “corazón de piedra”.........
Hasta nuestro próximo encuentro.
Con cariño, Carolina.