
Amigas y amigos:
Me he dado cuenta, en mis raras "visitas" a los programas de televisión, de un fenómeno que seguramente también ustedes han de haber notado: la absoluta irreverencia con la que vienen denunciadas las actitudes, los discursos, los puntos de vista de personalidades conocidas de todo nivel y todo campo. Nosotras, educadas en el máximo respeto hacia los otros, nos escandalizamos por estas formas que consideramos agresivas e irrespetuosas.
Y cuando el objeto de la crítica son personas que consideramos más allá de cualquier sospecha y con las que compartimos los puntos de vista sobre lo esencial de la existencia... ¡Suficiente! Es inadmisible quedarse escuchando, es una vergüenza aguantar tanto. Es preferible cambiar de canal y sintonizar cualquier otra transmisión quizá más simple, pero seguramente menos irreverente. ¡La indecencia debe tener límites!
Sin tener en cuenta la apariencia, me detuve alguna vez a reflexionar sobre el contenido de lo que venía transmitido en una forma que muchos podrían definir blasfema. Traduje en mi mente lo que decían, con lenguaje decente y lleno de respeto. ¡Qué sorpresa! Estaba de acuerdo con lo que estaban afirmando.
Entonces, me pregunté: ¿Cómo es posible que personas sin frenos inhibitorios puedan decir estas cosas con un lenguaje que seguramente va en contra de las exigencias del espectáculo? ¿No existirá una forma distinta para decir las cosas, para denunciar lo que no funciona, buscando mejorar la sociedad para haceria más habitable?
Encontrar las palabras exactas para decir la verdad aun cuando puedan ser dolorosas... es todo un arte. Se necesita mucha valentia, una buena dosis de libertad interior y el rechazo total de cualquier compromiso. Hasta que no hayamos madurado en nosotros estas actitudes dejaremos que los reproches contra las malas costumbres y la ilegalidad vengan pronunciadas de manera "impúdica" por quien no tiene respeto para con el individuo pero que a la vez, de lejos, quizá, manifiesta más respeto por la humanidad en general respecto a los que, por un malentendido concepto de "prudencia", dejan que las cosas no vayan por la vía justa.
Por ello, "tu lenguaje sea sí-sí, no-no" - dice San Pabio. Sin ostentación, sin medios términos, sin adulaciones.
Con un estilo franco y cargado de sinceridad, pero de profundo respeto por el otro.
Con el afecto de siempre,
Vuestra Carolina