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Carta de la Presidente - Mayo 2011 |
La Madre
Tengo en casa una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos. Pero, a diferencia de la común iconografía mariana, el Niño no está vuelto hacia María en su regazo, ni apoyado en su seno o en sus hombros sino que, dándole la espalda, alarga las manos hacia adelante y con sus piernitas aún temblorosas intenta dar “el primer paso”.
Con un brazo la Madre sostiene al Niño para darle seguridad y apoyo.
Cuando mis nietos me preguntan hacia dónde quiere ir Jesús, yo les contesto: “A jugar con ustedes”.
Sí, Jesús quiere ir… hacia ti, hacia mí, hacia cada uno de nosotros.
Quiere bajarse del regazo de su Madre para caminar por las calles de este mundo, aquellas calles que, con frecuencia, son difíciles, contaminadas, inseguras, habitadas por la miseria o la soledad, donde una Humanidad desorientada va caminando sin rumbo fijo. Jesús quiere mostrar un camino renovado con acciones de justicia, de solidaridad, de paz, de serenidad, de pureza. Un camino que conduzca a una vida que valga la pena vivir.
Como Maestra de todas las madres, María nos enseña la actitud más indicada para formar los hijos.
El hijo no ha sido engendrado para que sea un miembro apegado a su madre y por ello no puede permanecer en su regazo toda la vida: su lugar es el mundo. Únicamente, cuando todavía no está en capacidad de caminar solo (por sus frágiles piernas, las espinas del camino, el fango del sendero), es conveniente llevarlo de la mano y rodear su “vida” para evitar que caiga, se lastime, se enlode.
Pero cuando ha conquistado una adecuada autonomía es necesario que tome vuelo como los pajarillos cuando salen del nido. Llevará siempre consigo la sonrisa serena de la madre si ella misma ha sido capaz de contagiarlo con su alegría. Llevará consigo un equipaje de valores que le servirán de guía para cuando deba tomar serias decisiones. No olvidará llevar también una actitud positiva con respecto a la vida, a las personas, a los acontecimientos diarios.
Deseo que todas podamos vivir el ejemplo de María en nuestras vidas cotidianas para estar dispuestas a enfrentar los momentos “difíciles” de la existencia y a dar nuestro “Sí” con una adhesión profunda al Plan de Dios.
Con afecto… materno.
Carolina
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