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Carta de la Presidente - Marzo / Abril 2011 |
¡Despertemos!
Ignoro lo que pueda pasar antes que esta carta llegue a cada uno de ustedes; sin embargo, en este momento no puedo pasar por alto la imagen de la tragedia que ha golpeado al pueblo japonés.
Un sentido de impotencia nos asalta, debido a que nos encontramos a miles de kilómetros de distancia de aquel territorio. ¿Cómo se encontrarán los sobrevivientes, y aquellas personas que perdieron sus parientes y amigos? ¿Su casa, trabajo, pertenencias y absolutamente todo, todo?
No es fácil conservar la serenidad ante escenarios de este tipo: ni siquiera nos es fácil a nosotros que permanecemos como espectadores. Incluso nosotros, que no sufrimos aquella calamidad, sentimos a cada momento que se nos mueve el piso. Por supuesto, no en un sentido físico sino como una certeza existencial de precariedad; es como si advirtiéramos nuestra pequeñez ante la gran potencia de la naturaleza. Por tal motivo esa sensación de impotencia nos asalta y nos arriesgamos a quedarnos en una simple visión fatalista de las cosas, proyectando en todas las cosas que hacemos una nube de pesimismo que, muchas veces, podemos juzgar como realidad.
Debemos tener mucho cuidado para no dejarnos llevar por estas sensaciones de negativismo. La vida continúa, el sol sale cada mañana, los niños que nos rodean aún no apagan su sonrisa, la naturaleza renace cada mañana aunque muchas veces sea maltratada por las intervenciones desmedidas del ser humano y contaminada y masacrada por radiaciones nucleares que son el resultado de nuestra “prepotencia”.
¿Esta última catástrofe servirá para hacernos reflexionar a cada uno de nosotros pero, sobre todo, a nuestros gobernantes?
Porque si es verdad que contra las fuerzas de la naturaleza nada podemos hacer, por el contrario, con respecto a las decisiones que vinculan a toda la humanidad y a la naturaleza misma, tenemos una grave responsabilidad.
Poder y Utilitarismo, parecieran ser las únicas leyes que rigen nuestro planeta.
¿Qué estamos haciendo para cambiar estas actitudes? Nos hemos ido adecuando a compromisos fútiles, miramos con pasividad que los valores fundamentales se van desvaneciendo y simplemente decimos que estamos desconcertados por este motivo. ¿Y después?
¿De qué parte estamos? No es verdad que estemos de parte de la vida si continuamos silenciando nuestra voz, siendo cómplices de las violaciones a los derechos fundamentales del ser humano. Todo queda en un simple eslogan cuando no somos capaces de comprometernos en primera persona y continuamos acomodados como si no pasara nada, ignorando que los fenómenos naturales pueden convertirse en catástrofe si no somos responsables en el cuidado de la naturaleza. Es triste ver el modo como los medios de comunicación, en muchos casos, han desvanecido la conciencia ecológica.
Y ni hablar de las guerras, que ya se encuentran casi a las puertas de nuestra casa. ¿Quién no se dice pacifista, contrario a la guerra? Pero, ¿dónde estábamos cuando las armas eran vendidas por las grandes Democracias del Planeta a Estados que seguramente no las necesitaban para coleccionarlas?
¡Despertemos! Cristo resucita, a pesar de todo, y nos llama a no dejarnos invadir por la desolación.
¡Despertemos! Si Él resucitó no son vanas nuestra Fe y nuestra Esperanza. Y, hoy, más que nunca, tenemos necesidad de esa esperanza.
Carolina |
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