
Queridas y queridos, sucede en ocasiones de encontrarse extraviados por las calles de la existencia, sin saber dónde ir o que cosa hacer. Sucede en momentos de no percibir el sentido de las cosas y de los acontecimientos y preguntarse si se ha equivocado todo en la vida o que se habría podido evitar. Es el momento del abandono y del vacío.
El sufrimiento pone en descubierto nuestra alma y hay el peligro que nos agríe y haga evidenciar nuestra negatividad. En cambio aceptado el sufrimiento desde la óptica de la Cruz se puede devolver el sentido a la vida.
Nos ha indicado el Maestro el camino: ¿puede ser el discípulo más que el maestro? Bienaventurados nosotros si, incluso en la oscuridad más total, logramos seguir adelante en la búsqueda de la Luz. Con la Luz encontraremos la quietud y la serenidad y, si no nos hubieramos rebelado, nuestro carácter saldrá fortalecido, endulzado, más preparado para acoger a los otros con sus inevitables imperfecciones ya que habremos experimentado sobre nuestra piel el sentido del límite.
Al próximo encuentro,
vuestra Carolina